
La pérdida de un ser querido provoca muchos cambios. Estos cambios impactan diferentes áreas, desde las actividades diarias hasta los cambios en los planes a futuro y las prioridades. Adaptarse, puede tomar mucho tiempo.
De entre los cambios, se puede decir que los más comunes son los siguientes:
Relaciones
La costumbre y la intensidad de las relaciones marcan de manera importante el cambio de rutina después de una pérdida. Si por ejemplo, se estuvo al cuidado de un enfermo terminal, es muy probable que la rutina previa a la muerte haya sido de cuidados y visitas al hospital. Cuando la persona muere, la familia puede sentirse perdida, y extrañar una serie de responsabilidades, que en ocasiones duraron mucho tiempo. Por oro lado, si por ejemplo, el sentido de nuestras vidas se vio acotado a una pareja, nuestros planes y proyectos muy seguramente se dirigieron únicamente a la vida en pareja, después de una ruptura, se necesitará desarrollar unos nuevos hábitos en los que hay que enfocarse en la individualidad y la satisfacción personal.
Responsabilidades
Es común que algunos amigos o familiares no sepan qué decir o cómo actuar frente a la persona que sufre una pérdida, a veces suelen distanciarse, o en ocasiones acercarse. Cambian los intereses, cambian las prioridades y en algunos casos hasta los objetivos vida. Todo ello puede llevar a perder contacto con quienes antes nos relacionábamos, sin embargo, también las pérdidas nos permiten encontrar nuevas relaciones y amistades.
Fe y espiritualidad
Un cambio significativo es en las creencias religiosas, la espiritualidad y la forma de mirar al mundo. Estos cambios van desde el cuestionamiento, la incredulidad y el enojo, hasta una fe que se vuelve más fuerte.
Preferencias y propósitos
Tanto las preferencias como los propósitos cambiaran de acuerdo a las emociones, como también por razones prácticas. Todo se verá reflejado por lo que más importa después de experimentar una pérdida significativa. Puede ser que ahora se le ponga más atención a la salud, a la familia, o a estar sólo; o bien, a enfocarse en el trabajo, los proyectos económicos, etc. Cambian los intereses y las actividades. Lo que antes se disfrutaba puede pasar a segundo plano y adquirir nuevos intereses.
Estrategias para lidiar con el cambio
→Tómete el tiempo necesario para tomar decisiones importantes.
Los expertos en salud mental sugieren esperar por lo menos un año antes de tomar cualquier decisión importante, como mudarse o cambiar de trabajo, porque el primer año después de la pérdida está lleno de emociones. Hacer un análisis previo, anotando las decisiones y tareas que se han de realizar, nos permite ver el orden de lo importante y lo urgente.
→Comparte nuevas responsabilidades.
Cuando la pérdida impacta a una familia, es importante platicar sobre las tareas y quiénes se harán cargo de éstas. Es importante considerar que toma tiempo adaptarse a las nuevas responsabilidades y acomodarlas a la nueva rutina.
→Pide y acepta ayuda.
Se específico en cuanto a tus necesidades. Puedes hacer una lista de tareas que otros pueden realizar. No tengas miedo de pedir ayuda, siempre hay alguien en a mejor disposición de apoyarte. Habla con expertos en asuntos que desconoces, desde aprender a cocinar, hasta un abogado o un asesor financiero.
→Lleva un diario.
Llevar un diario puede ayudarte a entender los cambios que experimentas. Además de escribir sobre tus sentimientos y pensamientos, puedes usar el diario para organizar las tareas, prioridades y planes. Más adelante, el diario te ayudará a ver cómo haz avanzado, y sentirte orgulloso de los nuevos logros.
→Busca ayuda profesional y/o únete a un grupo de ayuda.
Poder hablar con quienes comparten tus sentimientos y experiencias, o con quien trabaja estos temas, puede brindarte ayuda emocional y consejos prácticos a medida que te estas adaptando a esta nueva vida.
Disfrutar de nuevas actividades o establecer nuevos objetivos para el futuro, no es una traición a la persona que se fue.