Cuando estuvimos en cuarentena por la pandemia de COVID, las disposiciones generales del “quédate en casa” nos hicieron utilizar mensajes de texto, mails y demás sistemas de comunicación virtual para estar cerca de nuestros seres queridos. Si bien es cierto que de momento pudimos llevar a cabo reuniones llenas de emoción y nos conectó más allá de las fronteras, se volvió una forma de vida para las personas en diferentes ámbitos de su vida.
La tecnología puede ser asombrosa, la comunicación y conexión con los demás, en un mundo tan grande y ajetreado es sin duda la gran herramienta del siglo XXI.

Sin embargo, esta tan amplia comunicación también nos puse en situaciones complicadas, especialmente si se ven tambaleadas la lealtad y la fidelidad.

¿Qué sucede con los valores de la fidelidad, el respeto y la honestidad? ¿Textear, hacer video llamadas, o enviarse mails, puede ser considerado como infidelidad?
Con varias de mis participantes en terapia, a menudo sale el mismo tema. He tenido la experiencia de quien “cachó” un mensaje, y también de quien sostuvo una conversación por esa vía, misma que, posteriormente se convirtió en una tentación.
“Los asuntos emocionales ocurren cuando una pareja canaliza energía física o emocional, tiempo y atención hacia otra persona que no sea la persona con la que están comprometidos hasta el punto de que su pareja se siente descuidada”
— Peggy Vaughan
Uno sabe perfectamente cuando una relación física es infidelidad porque es obvio. Pero cuando se trata de ser infiel emocionalmente, en este caso “texteando”, la línea puede ser mucho más delgada. “Los asuntos emocionales ocurren cuando una pareja canaliza energía física o emocional, tiempo y atención hacia otra persona que no sea la persona con la que están comprometidos hasta el punto de que su pareja se siente descuidada”, dice Peggy Vaughan, autora de The Monogamy Myth .
Dice la autora que si no estás seguro de estar siendo infiel, o de si estás haciendo mal, te preguntes: “¿Estoy haciendo cosas o hablando de cosas con esta persona que no hago o de las que no hablo con mi cónyuge? ” Así lo creo, es fácil saberlo. Si estás invirtiendo tiempo, energía, y compratiendo emociones, con quien no corresponde, significa que estás cruzando esa delgada línea.

Para no cruzar la línea, es imprescindible establecer, qué hay en un lado del límite, y qué hay del otro.
Si crees que cualquier cosa que no sea sexo, o acercamiento carne a carne no es infidelidad, puede interpretarse como una argumento válido. Sin embargo, si crees que hasta un pequeño coqueteo a través del texto es infiel, también puede ser una conclusión razonable.
¿Cómo saber cuál de los razonamientos es válido?
La respuesta es: aquello con lo que puedas vivir.
Una de las cosas que comparto en terapias de pareja, es la importancia de establecer límites, y estos a su vez, se deben establecer para lograr relaciones saludables. Cada integrante de la pareja tiene diferentes niveles de comodidad, y debe de hacer saber al otro con qué cosas está de acuerdo y cuáles le lastiman.
En pocas palabras, se deben establecer ciertas reglas básicas sobre lo que es y no es aceptable en su relación. He observado en mi experiencia que hay parejas que no pueden superar el engaño y la mentira.
Una recomendación que no falla.. Si vas a tener una conversación con otra persona que no quisieras que tu pareja leyera, entonces no deberías tenerla.
“Si no lo harías frente a mí, mejor no lo hagas”.